lunes, 15 de febrero de 2010

Los danzaq: mito y rito en las alturas

Por: Clara Rojas
Al conjuro de su danza aflora el umbral que los cobija: la lucha de los contrarios. En territorio andino, cambiar una mentalidad colectiva por otra individualista significa la destrucción de mecanismos sociales sostén de su estructura económica. De esta historia de destrucción y florecimiento nace el Taki onqoy, origen de los danzantes de tijera. Escenifican en cada acto un legado que los forja para vencer la adversidad. A través de ellos, sus wamanis hablan de esa transición que aún los mantiene en estado de shock (pobreza).
Las tijeras no han dejado de restallar en toda la noche, se acerca el duelo final a 3437 de altura. El sonido crece. Desde los cuatro puntos de Andamarka, Ayacucho, se expande involucrando aún a quienes no pueden mantenerse ajenos. Es el momento cumbre del Qatun Yaku Raymi (gran fiesta del agua).
Amparados por los efluvios de la madrugada, los competidores se entregan a la danza menor en su reencuentro con el muñay (sentimiento). Bailan el wallpa waqay (primer canto del gallo). Representa la muerte de la noche y la llegada del día. En el instante del cambio se transforman en ofrenda. El cuerpo, poseído por su wamani (dios tutelar), está listo para enfrentar a sus rivales con las más espectaculares figuras. La sinfonía de notas compuesta por tijeras, arpa y violín hechiza a sus habitantes. El rito cala con una intensidad solo comparable con la fuerza del amor. Conjura el umbral que lo cobija en una fascinante invocación a esa pugna de los contrarios: lo andino y lo occidental, pasado y presente. Encuentros y desencuentros. Su desafío es un grito de guerra vigente en un contrapunto de sensibilidades. El humor y el dolor, bravura y gracia, fortalezas y fragilidades. La escena propicia lecturas en todo sentido: los colores de su naturaleza en el vestuario, un cuerpo ligero que vuela. La fugacidad del movimiento surcando el espacio.
El rostro contraído alude el sacrificio. La melodía triste previene la dimensión de las pruebas de resistencia que tendrán lugar a pocas horas.
Entrada la mañana siguiente enfrentarán en el yawar ccejay (rito de sangre), la agonía: muerte y renacimiento, representado por el danzaq, su discípulo y el iniciado. De los cuatro sectores; Negromayo, Orcco, Vizca, Chulpo, bajan a la plaza: danzantes, violinista, arpa, los sigue la comunidad a la que representan.

ATIPANACCUY (RETANDO)

Después de escalar hasta la torre de la iglesia (torre ccejay) con una soga en donde exponen sus destrezas de gimnastas, acróbatas, incluso de faquirismo, llegan a la cruz (símbolo de lo occidental). Nuevas hazañas convertidas en estoicos pasos marcan el triunfo andino; danzan acompañados de notas conocidas, el silbido del viento, el sonido del agua, son cerca de 28 notas. Luego el maestro cae en trance; la melodía más triste acompaña: es el momento de la agonía, cuando el maestro muere y aparece el sucesor. Vence a la muerte. El discípulo toma la posta y danza en torno al maestro. Continuidades que explican las resistencias del mundo andino.
Apretujados ante la iglesia, los espectadores hierven en emociones. Ritos colectivos en un espacio de arquitectura con estructura colonial (individualista) confirman la capacidad de adaptación andina(1). La estrechez de la placita de Andamarka cobija el más importante ritual prehispánico. Es la limpieza del hombre y sus cauces representada en el Qatun Yaku Raymi, la fiesta de mayor impacto en la zona, rodeada de andenes de hasta 25 pisos. El repliegue de los danzaq hacia su lugar de origen contextualiza su vigencia, reproducen un urdido de redes de una mentalidad colectiva urgida, sin ella no habría vida en los andenes, con una extensión de 200 mil hectáreas. El ritual de pago al agua se inicia el 14 de agosto con la apertura de la bocatoma en cada zona, cauces milenarios se ramifican hacia diferentes áreas cultivadas.
En estos días, el pongo, Nicanor Ramos Inca (Qatun yachaq, pachamama chaninchaq: gran maestro) hace el pagapaq (entrego, tapado o cajas), en doce lugares. A mitad de semana, los cargontes (al recibir más agua asumen el cargo) y adornantes esperan el reto a sus danzaq (Alba y visitanacuy). Se produce también el llamado anticipo; competencia de los segundos (discípulos) sobre la cruz ante la iglesia.

El frío aumenta el humo del calientito, una atmósfera de pertenencia constriñe a los espectadores. De las profundidades escapa una voz mítica, curadora que resuena en ecos continuos: ¡Danzaqqqq! Es un sonido gutural, ronco, añejo. Encarnado en la voz de los capataces (responsables del orden), el wamani invade no solo a los danzantes en competencia; surge como un soplo de vida que exhala en alientos literales la magia del renacimiento. El vaho a aguardiente expulsa los males del alma.”En esos vapores se van sapos y culebras. El hombre se renueva” dicen los lugareños en sintonía con la simbología de limpieza de la gran fiesta del agua.
LA VITALIDAD DEL MITO
Desde su ingreso al pueblo (hatariccuy: inicio de fiesta) hasta la escenificación de la agonía, los danzaq anudan el rito de limpieza en actos cada vez más complejos. La danza enlaza con una historia de fortalezas sostenidas en el tiempo. Revitaliza el rito convertido en una lucha entre la cura y la enfermedad, que a veces cobra víctimas, como le ocurrió a uno de los más calificados exponentes, Chuspicha, luego de su participación en estas competencias, quedó paralítico. El rito se vuelve mito. Se encarna y reactiva su vínculo con la enfermedad. Es conocido el origen de los danzantes de tijeras en el taki onqoy, (taki: baile; onqoy: enfermedad) identificado por el antropólogo Luis Millones como movimiento surgido en respuesta a la destrucción de paradigmas en el mundo andino del siglo XVI.

Los danzantes también participan en otras fiestas tentando al destino. Están en la fiesta de la Cruz de mayo con su significativa presencia de constante reto. O en Semana Santa, fecha de graduación de los iniciados. Cuando el Dios católico ha muerto es propicio para el surgimiento de nuevas generaciones de danzantes, violinistas y arpistas. A nadie extraña que la iglesia permanezca vacía mientras el local de los danzaq bulle en algarabía. Risas “demoníacas, idólatras” escapan por las paredes. Hasta las madres dan de coscorrones a sus hijos alejándolos. Pese a ello, los pies se mueven alegres desde muy corta edad, “son hijos de la pachamama, elegidos de los wamanis”, dice el profesor Pascual Flores, presidente de la asociación cultural de esta localidad, Adeturc, “desde muy chico me gustaba ir a escondidas a los andenes y escalaba practicando torre ccejay, cuántas veces me caía lo volvía a intentar, mi mamá decía que eso era cosa de diablos”, cuenta. Andamarka, cuna de danzaq, alberga una historia de readaptaciones y continuidades.
(1) En la época prehispánica los espacios en círculo congregaban estas ceremonias. Desde Caral hasta la etapa incaica.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Apu yaku pagapuy

Por: Clara Rojas
Apu yaku pagapuy es el mismo rito de cumplir con pagarle a la deidad agua. Esta ceremonia andina inicia la gran fiesta que congrega a toda Andamarka, Ayacucho en un afán por reverdecer 8900 m2 a 3400 m de altura. La limpia de acequias es una labor titánica. Los canales alimentan andenes en actividad con cerca de 200 mil hectáreas y 25 pisos de alto. La obra hidráulica prehispánica y las formas de organización andina suscitan el asombro de los visitantes.

Del 14 al 26 de agosto se inaugura la limpia de las acequias entre los rukanas convertida en la fiesta más importante de la región. El rito de pago al agua revitaliza las actividades de riego agrícola en un espacio que demanda mucha mano de obra. Compone un diálogo horizontal entre el hombre, la naturaleza y sus dioses tutelares. Se diluyen sus fronteras para entrar a un tiempo mítico. El agua se humaniza. Fluye la comunidad imitando su discurrir, salpica, atrapa en su recorrido a todo aquel que encuentre en su camino.
EL MITO DE LOS RUKANAS
Todos los sentidos se afinan para conocer el tiempo mítico de los rukanas. Los términos fusionan el quechua castellano cambiando la mayor fuerza de voz según los momentos. Pagapa (coloquial), pagapaq (ceremonial), pagapuy (colectivo). En la mañana del 14 llegan al ojo de agua (paqarina) en la toma de Vizca. El rocío escarcha la piel. Empieza la serie de ofrendas. El pongo, Braulio Inca hace el pagapaq (despacho, entrego, pago) al Ñahuin Pampay. Cirilo Flores y la comunidad usuaria de riego cumplirán una jornada de limpieza en el canal de este sector.
La escena se repetirá los siguientes días en cada toma. Concluyen la jornada con la danza símbolo de esta fiesta: Olluscha, baile en el que se juega con barro. En esta algarabía forjan la estampa de inauguración. Por la tarde en la plaza, los 24 cargontes, responsables de la fiesta, bailan el Qaira, danza de competencia en resistencia con el zapateo de hombres y mujeres. Es el preludio del yaku raymi.
En su texto sobre la fiesta del agua en Andamarka, el antropólogo Juan Ossio describe el mito de origen de la comunidad. El orden social se expresa en la relación de opuestos complementarios que asumen los ríos Vizca y Negromayo, a ellos dirigen sus ofrendas, siempre con la preeminencia del Negromayo. Remarcado ahora como el lugar donde fueron arrojados los restos del Inca Huáscar. En torno a la muerte del inca gira en la actualidad su identidad. El vínculo de historia y generación de riqueza adquiere sentido en la modernidad local. El turismo asume importancia en el rito de limpia. El mismo alcalde, Hugo Quispe, acompañado de bombos, pongos y comuneros, anima a acudir a estas labores en Caniche, la ciudadela preinca del siglo 1 de nuestra era. Es el segundo día de fiesta. No hay pago, ni ojo de agua, pero la fuerza de la tradición impone continuidades. La necesidad crea nuevas formas sin perder su sentido andino de representarse. Los bombos suenan resignificando el acto.
PAGAPAQ A LA YAKUMAMA
El día cumbre en la celebración de la fertilidad es el 23. Realizan actos simultáneos en las lagunas de Jeruicha y Yarpucocha. Se da el pago a la yacumama y a la pachamama. El rito anuda a los opuestos complementarios y marca el final de la ceremonia de tributos.
Esa búsqueda de unidad y fertilidad lo simbolizan los recién casados, corren junto al grupo que hace de agua. Ellos protagonizan una acalorada discusión sobre quién debe llevar el ichu (paja: lo masculino), y el rakiraki (plantas: femenino). Escenifican con lucidez catártica las tensiones que produce luchar por una buena producción. Fertilidad. Origen y continuidad de la milenaria comunidad rukana. Cada acto tiene una lectura visionaria. Mientras más rápido corran más agua traerá el río.
El Qatun yachaq (gran maestro), pachamama chaninchaq es el responsable de hacer el pagapaq. Son tres los pongos: Braulio Flores Inca, Bernabé Pérez y Nicanor Ramos. Llegan al borde de las lagunas con el músico, bombo y una cruz. Llevan vasijas nuevas, semillas y diferentes piedras (minerales escogidos). Entre la tierra y el agua, en un límite precavido, instalan su manta y los productos.
En la laguna Yarpu, el Qatun yachaq fuma y bebe, dialoga con sus dioses. Invitan coca enlazando a un colectivo. El ñahuin churaq (maestro) coloca los diversos elementos sobre la manta. Maíz, chicha, semillas germinadas, cigarro, cal, hojas de coca. El pongo excava en un entierro permanente llamado caja o espíritu santo (huaca). Saborea el paijo (bebida). De ella saca antiguas vasijas inscritas. Mientras fuma se ensimisma en su lectura. El acto de fumar simboliza jerarquía y simetría con sus wamanis. Departe con la pachamama, llena de humo el hueco, lo tapa con su abrigo en gesto protector.
LA ESCRITURA ANDINA
El Qatun yachaq marca las vasijas con los minerales (sagrados). Raya una y otras vez con breves intervalos, coloca las nuevas en el lugar de donde desentierra las dejadas el año anterior. La antiguas y nuevas vasijas se llenan de cal, chicha, semillas. El choclo es adornado (vestido) con hojas de coca, lo coloca en el orificio. El pongo murmura, sonríe, fuma. Cada elemento de la naturaleza adquiere humanidad. El bombo suena en todo momento. Es un himno de renovación y continuidad.
Los gráficos en las vasijas cuentan una historia que el pongo compara con lo sucedido en un balance ineludible. Las rayas adquieren sentido. Raspan tres veces. Tienen que salir derechitas para dar una buena lectura. La primera tiene mayor extensión. La segunda media y la tercera menor. Si salen derechas quiere decir que será un buen año. Si se cruzan con otra habrá derrumbe, huaycos. Si salen medio chuecas vendrá la sequía. Surge a nuestra vista un conjunto de gráficos. Sostienen un significado compartido por los ancianos. Esas rayas, de diferentes tamaños semejante a dibujos de quipos, hablan claramente a los pongos.
Los ancianos mayores guardan en sus actos el legado del milenario pueblo rukana, increíblemente vivo. Al final, ríen y bailan metiéndose en el lodo, embarran a otros sin reparos, es la danza olluscha en plena efervescencia. El Qatun yaku raymi ha empezado.